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9 mayo 2021
Autor: Spiff
Cárdigan siempre

Hay prendas que rezuman cariño, el cárdigan o chaquetilla o rebeca en español, es una de ellas. “Échate una rebequilla por si refresca”, te recordaba tu madre cuando salías fuera a jugar. El cárdigan destila aires bohemios y sobrios. Pelo alborotado y barbas o grooming militar. Atardeceres en Oia o paseos por Harvard, Yale o Princeton en los 60. El cárdigan es Pep Guardiola en la época del Barça bueno. Es tu padre en algún momento de su vida. Es David Hockney pintando Retrato de un artista (piscina con dos figuras). Tu profesor de filosofía, en mi caso monja, hablando de Platón, Descartes, Nietzsche, Ortega y Gasset…con cárdigan azul marino. Es Robin Williams gritando “Oh, capitán mi capitán”, aunque no llevase cárdigan, da igual. 

Origen militar, como tantas otras. James Brudenell, séptimo conde de Cardigan, nacido en 1824, era casi una caricatura de un miembro de la aristocracia inglesa. Ni demasiado exitoso en la Guerra, ni en el amor, ni en prácticamente nada; pero le gustaba la ropa y gastar dinero en ella. Vanidoso él. Lideró la famosa carga de la Brigada de la Luz. Muchos de sus hombres murieron en aquella batalla frente a los rusos, pero algo llamó poderosamente la atención del público británico, un chaleco en punto de nuestro protagonista. De vuelta a Londres, el chaleco se popularizó, naciendo entonces el cárdigan.

Paul Newman con cárdigan grueso

Pero sería una mujer quién sacase del ostracismo rancio a la prenda. Coco Chanel. Ay, Coco, cuánto se te debe. Ella popularizó la chaqueta entre mujeres. Chanel supo evolucionar la prenda, pesada y demasiado worker en los años 20, y convertirla en algo parecido a lo que hoy conocemos. Mucho más liviana, corta y con el objetivo de poder usarse como prenda intermedia. Porque uno nunca puede ser demasiado agradecido con Coco, gracias de nuevo, siempre fuiste la más grande.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, relajación de conceptos, desaparición de tabúes respecto a la ropa. El cárdigan hace acto de presencia en los muchachos de la Ivy League. Resumen, la prenda se convierte en tendencia.

Cárdigan con mangas o sin ellas. Con, para camiseta blanca debajo y vaqueros no sanforizados. Sin, para camisa y chaqueta encima. Un cárdigan sin mangas debajo de tweed, funciona y muy bien, para conseguir ese efecto contraste, alegre, que a veces se necesita en looks donde combinamos un pantalón de un color y una chaqueta de otro. Como pasaría con cualquier chaleco de traje, el cárdigan en V sin mangas, alarga nuestra figura y, de llevar corbata, la sujeta.

Bruce Boyer con cárdigan sin mangas

Los amarillos mostaza y naranjas, combinan bien con azules y grises; los burdeos, violetas y verdes esmeraldas, funcionan bien con tweed y grises.

Me gustan los cárdigan porque relajan casi cualquier outfit. Un pantalón kaki, una camiseta blanca y un cárdigan azul marino, nos transforman. Nos convierten por arte de magia en personas sosegadas, más sensibles. No existen machos alfas en cárdigan. El cárdigan es prenda de viejos, infravalorados los viejos. ¡Viejoven! Pues sí, pero dulce. Como tu abuelo. Como tu abuela. Porque los abuelos siempre han sido personas muy dulces. Y con cárdigan, más.

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