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23 agosto 2021
Autor: Spiff
Conociendo a Butticé

El confinamiento sufrido durante la primera ola del COVID 19 originó muchas cosas, y la mayoría podrían haberse evitado. Para empezar, podríamos habernos evitado Tik Tok y los Tik Tokers. Sí, paso demasiado horas delante del iPhone viendo videos absurdos de gente absurda. ¿Por qué todo el mundo baila y hace coreografías? Que oiga, viva la alegría y los bailes, pero no se crean ustedes que esa gente es feliz. Esa gente entrena para hacer videos de un minuto, treinta segundos o lo que Dios quiere que dure un Tik Tok. Eso no es felicidad ni es na’. Podríamos habernos evitados los challenges. Demasiados challenges

Incluso con todo, hubo una cosa que no faltó, creatividad. Entre todos esos Tik Toks y challenges, aparte de rollos de papel higiénico, había cabecitas de personas que creaban tendencias en forma de baile, en forma de maquillaje, en forma de pose… Y no sólo ocurría en las redes. Durante el confinamiento surgieron ideas, empresas, proyectos. Surgió Spiff, por ejemplo, que igual no es tan relajante como hacer yoga con tu chica, pero ahí está, y nació Butticé, de la que hoy vengo a hablar. Bueno, en realidad nacer nacer, lo hizo en junio, cuando ya todos disfrutábamos de algo de aire libre, aunque fuera bajo una mascarilla. Supongo, no obstante, que la idea se forjó durante, que esto no son cosas para materializarlas de un día para otro.

Milad Abedi con camisa Butticé

Foto: David Gohar

Reconozco haber celebrado su existencia hace relativamente poco. Una foto de Milad Abedi, fotógrafo de moda, con una de las camisas de la marca francesa made in Naples, fue la causante. Milad, rompedor, como siempre. Traje cruzado color crema, pelos más largos que de costumbre y barba frondosa. Ingredientes suficientes para pasar desapercibido cualquier otro detalle, pero no. La camisa rojiblanca que acompañaba el traje se llevaba la palma. Oh sí, créanme. Una camisa que recordaba a los grandes dandis italianos del norte. A esos empresarios industrialistas, arquitectos e intelectuales. Pero también a los señores elegantes que observamos tras los cristales de los escaparates de Savile Row y a los pintores franceses bohemios que inmortalizan momentos a la orilla del Sena. Un cóctel Molotov de estilo, elegancia y masculinidad. Su creador, Stéphane, es también todo lo que su marca transmite. Boxeador, melómano, gentleman, hippie…pero sobre todo un loco, un apasionado de lo que le gusta, la ropa, el estilo, la cultura popular. 34 años, nacido en Loir-et-Cher, hijo de padre italiano militar (General de la Guardia di Finanza) y madre francesa, pasó su juventud entre Roma, Turín y Bruselas, donde su padre trabajaba para la Comisión Europea desde 1990.

Aunque Butticé apenas cuenta con poco más de un año de vida, la vida del francés siempre ha estado ligada al mundo de la comunicación, el arte y la moda. Antes de crear Butticé, Stéphane ya había trabajado para diferentes casas de moda del sector de lujo, Holland & Sherry o Ermenegildo Zegna entre otras, y había creado su propia revista de moda, Gentleman Chemistry Magazine, donde destacan sus video entrevistas a Cifonelli o Andrea Luparelli, sus podcasts, y muchos retratos fotográficos de gran calidad.

“Probablemente mi casi maníaco amor por las cosas bien hechas, se remonté a esos recuerdos que tengo de mi abuelo y su forma de vestir, repleta de piezas suntuosas, pero siempre en las cantidades necesarias, nunca opulento”, comenta el del Loira mientras bebemos café. Él con camisa de su firma y un precioso reloj Piaget en su muñeca izquierda. Una pieza diferente, poco manida y tremendamente elegante. Una especie de prolongación de su persona y de su firma, una firma que intenta desmarcarse de cualquier otra, que tiene una presencia propia, un sello, una identidad. Una marca especializada en camisas y corbatas hechas a mano cosidas en Nápoles. “Butticé nace con el deseo de proponer mi visión de un estilo masculino que se mantiene elegante e inmutable en el tiempo, con cápsulas únicas de productos diseñados en París y hechos “pianissimo”, a mano, en Nápoles, de una manera exclusivamente artesanal en suntuosas materias primas”.

Detalle reloj Piaget

Me encantan las personas especialistas y apasionadas en algo, da igual el qué. El ajedrez, la esgrima, la vestimenta, la petanca… Todas esas personas, excepto las apasionadas de Tik Tok, tienen mi respeto. Venga va, incluso las de Tik Tok. Stéphane lo es con sus prendas, prendas que define como mucho más que ropa: “pueden cambiar tu día, son una extensión de tu personalidad”.

La primera colección de camisas está disponible en 10 colores de telas de algodón y lino, las cuales son realmente difíciles de encontrar en tiendas. Además, la firma cuenta con una colección de 52 corbatas sin forro con estampados tan locos, divertidos y elegantes como su creador.

Detrás de cada una de las camisas de Butticé, hay más de seis horas de trabajo artesanales en el taller de Nápoles. Un proceso “tutto fatto a mano”, desde el corte hasta la costura y el planchado. Un fit que, desde la experiencia, es insuperable. Slim, pero no agobiante, permitiendo libertad en los movimientos. El hecho de estar fabricadas en mezclas de algodón y lino, confiere a la prenda una elegante fluidez combinada con un ajuste vanguardista. Una camisa que puede ser usada en todo tipo de contextos, desde los más formales, reuniones con el jefazo de tu empresa, con corbata y traje, hasta la informalidad propia de un día de playa y bañador.

stephane buttice

Stéphane Butticé

Me gusta y mucho el cuello. Desde hace tiempo he descartado toda opción de camisa que venga con un cuello duro. Incluso en las opciones clásicas de OCBD, busco un cuello ligero, blando. No sé si será la edad o qué, pero antepongo comodidad a todo. Una comodidad elegante, matizo. Los de Butticé cumplen con esta premisa. Un cuello suave italiano doblado a mano, una de las fases más delicadas donde se aprecia la destreza de las costureras.

Otros de los detalles que dan a estas camisas la categoría de premium, es la sisa. La costura a mano de la sisa offset -que no sigue la manga y la costura lateral de la camisa en línea recta-, permite más flexibilidad y por tanto más comodidad en el ajuste, y la diferencia de las camisas hechas a máquina. Pero los detalles no se quedan ahí. Detalles que desencadenan en ese ajuste perfecto del que les hablaba. El cuarto de hombro, por ejemplo, también cosido a mano, dibuja una línea impecable gracias a lo que se conoce como “dietropunto”, que bloquea la costura del hombro para los toques finales.

Para lo más detallistas, los ojales, que no es que sea uno un especialista, pero observador es, y aquí, amigos, se nota calidad. Si encima uno tiene la oportunidad de presenciar el entrelazamiento de hilos que emergen de las manos de esas costureras… No les quiero ni contar, un espectáculo digno del Circo du Soleil.  

Detalle camisa Butticé

Ídem para sus botones, de nácar australiano, como no podían ser menos, y también cosidos a mano bajo la antigua técnica de la puntada de lirio conocida como Zampa di gallina. ¿Cómo se quedan? Pues igual que yo cuando lo escuché. Para que se hagan una idea, esta técnica permite una mejor apertura del ojal y también garantiza más solidez en la costura del botón. Otro valor añadido que sumar a los anteriores.

Cuando uno invierte en una prenda así lo hace a conciencia, que tampoco estamos para tirar el dinero, por lo menos un servidor. La mosca, también cosida a mano, le otorga a la camisa durabilidad, reforzando y uniendo la parte delantera y trasera de la misma.

Para terminar, por si no les había parecido suficiente, la garganta, cosida completamente a mano. La operación consiste en doblar esta parte con una puntada suave que termina con el “travetto” obteniendo un elegante bordado y una mejor calidad de planchado después de lavar la camisa. La misión del travetto, una especie de bordado hecho con punta de ganchillo,
es detener la hendidura de la manga a nivel de la capuchina. Por supuesto, también hecho a mano, y dando la “puntilla” a algo ya de por sí, extraordinario.

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