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25 enero 2021
Autor: Spiff
Conociendo a Diego Martín

Según he ido conociendo más a Diego Martín, más me he dado cuenta de su exquisito gusto en prácticamente todo. Lo que tiene Diego va más allá de la propia interpretación, va más allá del telón. Me gusta su manera de pensar, su manera de no politizar lo politizable, su manera de percibir la belleza, el arte, me gusta la cultura que transmite en cada una de sus intervenciones.

Para ser justos, hace unos años, simplemente le veía en la gran pantalla y me generaba gracia. Era y es, sigo creyéndolo, una especie de Hugh Grant español; un galán con cierto punto cómico inglés muy sutil. Mi sorpresa llegó cuando le descubrí en Instagram.

A veces criminalizo Instagram porque creo que con ella somos más infelices. Nos preocupamos más en mostrar vivencias que en vivirlas, y eso, con perdón, es una mierda. Pero otras veces me pongo de rodillas y le doy gracias. Le doy gracias porque nos descubre cosas que sin ella serían prácticamente imposibles. Le doy gracias porque su algoritmo, aunque corra a veces en contra de mis intereses, funciona mejor que el propio Google.

Precisamente de esto, del algoritmo, Diego subía una storie en la red social cuestionando el porqué todos sus reels eran de jovencitas en bikini o sin él, saliendo de preciosas aguas cristalinas. ¿Era una selección personal en función de sus gustos? ¿Le estaba tratando de decir algo la propia red? Rápidamente salí a su auxilio para decirle que no era el único, y que, aunque no es que fuesen precisamente en contra de mis gustos personales (las chicas eran majas), mi principal búsqueda no se centraba en ellas. Que no se centrara en ellas no quiere decir que les quitara importancia, de hecho muy probablemente esa constante sugerencia de Instagram en mostrarnos reels así, era a consecuencia de habernos mostrado uno al azar o por viralidad y nosotros seguirle el rollo. Instagram y su algoritmo funcionan así; buscas un hashtag cualquiera y en el momento en el que ya has visto dos publicaciones bajo el mismo, empiezan a salirte otras tantas en la pestaña de la lupa.

He llegado hasta aquí porque fue Instagram quien me interconectó con Diego, con sus gustos afines, con esa pasión por la moda clásica, por la lectura, la pintura, y como no, por su cinefilia. Desconfíe de un actor que no sea un amante del cine.

Recuerdo que mi primera toma de contacto fue para hablar de los Sagan de Baudoin & Lange. Se hacía raro poder conectar de aquella manera con un personaje público, pero así fue. Diego aceptó el envite y desde ahí fue surgiendo una conversación que aún hoy se conserva y de la que un servidor ha ido conociendo más al actor, y más de todo lo bueno en general, porque otra cosa no, pero a mi querido amigo Diego le gusta todo lo bueno. Gracias a él, he descubierto los documentales de O´mast y E´poi, dos joyas que nos brinda Gianluca Migliarotti, para todo aquel al que le guste la sastrería o simplemente aprecie el valor de hacer las cosas bien, o sea un enamorado de Nápoles.

Los dos hemos admirado la superioridad que atesora Gerardo Cavaliere cada vez que se muestra en una de las publicaciones de su perfil de Instagram; hay que ver el estilazo que tiene este tipo… Los dos hemos debatido en si las Open Walk de Loro Piana sí o no, de la fiebre por la manga Raglán, del mercado vintage parisino, de París en general, de calidad capilar (la que despliega el actor, no yo), de la terrible perfección que ostenta Charlie Siem…Y aunque espero seguir manteniendo dichas conversaciones, creía conveniente hacerles partícipes de las mismas. Es por ello que hoy me cito con Diego Martín Gabriel y con todos los que están al otro lado para charlar de temas que nos gustan y nos unen. No esperen una entrevista, no esperen un titular, sírvanse una copa y disfruten de esta conversación. Yo desde luego, lo voy a hacer.

SPIFF: Bienvenido Diego, ¿cómo estás? He de decir que estoy un pelín atemorizado. Sé de tu capacidad retórica y tengo miedo de no estar cerca de estar a la altura. ¿Demasiado pronto para una copa? Esta invito yo, así igual me relajo. El otro día hablábamos de Tokaj-Oremus; “vino de reyes y rey de los vinos”, según Luis XIV. ¿Eres sibarita bebiendo? ¿Qué sueles beber?

D.M.: Digamos que para beber no me considero particularmente quisquilloso. Me gusta, por supuesto, lo bueno, pero en lo que se refiere a vinos, hay maravillas a precios muy abordables, y por supuesto hay botellas consideradas normalitas, que dependiendo de la compañía y del momento, y a qué lo asocie uno, terminan siendo inolvidables. Hay tantísimo nivel en España que creo que lo difícil es beber mal. Por lo demás, un negroni sbagliatto es siempre bienvenido, y si hablamos de champagne, cosa no poco habitual en París, mi favorito es Pol Roger, preferencia compartida con Winston Churchill, aunque consumía bastante más que yo.

Diego Martín-Spiff Magazine

Chaqueta de B Corner; camisa denim one piece collar de Burgos.

Foto: Gustavo Queipo de Llano.

SPIFF: Una de las cosas que más me gusta de ti es que viniendo del gremio que vienes, más arraigado al mundo trendy, tú mantienes un estilo que varía muy poco desde ya hace varios años. Eso denota personalidad. ¿Cómo definirías tu estilo?

D.M.: Pues partiendo de la base de que no me suele gustar definir las cosas, y más aún en un país como España tan dado a las etiquetas, a veces limitadas y sin mucho referentes, sobre todo estilísticamente hablando, diría que me gusta lo clásico, una buena base de prendas eternas, sin demasiada estridencia, con toques de aquí y allá. Intento sentir que soy yo el que se viste y no las prendas las que me visten a mí. Calidad, corte y tendencia a la discreción. Gusto por el detalle. Un poquito de querencia inglesa, y algo también de los veranos italianos, pasados por una turmix parisiense. Sí que es una pena que mucha gente renuncie a que la ropa y los objetos que nos rodean expresen parte del gusto y la personalidad de cada uno.

 

SPIFF: Siguiendo en esta línea, ¿algún icono de estilo clásico y moderno-actual?

D.M.: Si hablamos de iconos clásicos, casi todos los nombres que salgan van a ser más o menos los que todo el mundo tiene en mente, y bajo mi punto de vista, casi todos resultan tremendamente contemporáneos. Son prácticamente un cliché. Estarían en la lista, por supuesto, Marcello Mastroianni, Cary Grant, David Niven, Steve McQueen, Gianni Agnelli, el Duque de Windsor, Fred Astaire… Pero hay que decir que si vamos un poco más allá de los nombres más comunes, en buena parte del s.XX, hay una gran cantidad de hombres que se vestían con muchísimo gusto. Cocteau, Balenciaga, Miles Davis ,Robert Evans, Guitry, Visconti, Noël Coward, Paul Bowles, Cecil Beaton… La lista es larga.

Hablar de hoy es más complicado… Sobre todo si hablamos de iconos. Para empezar porque no existe el tiempo como pátina mitificadora, y luego porque puede ser que los iconos de hoy no vayan mucho en la dirección de lo clásico. Pero digamos que me interesan cosas que veo aquí y allá. Me gusta Michael Hill de Drakes, Gerardo Cavaliere, ya que lo nombrabas antes, Noboru Kakuta, y muchos de esos señores fantásticos que nos sacan los innumerables fotógrafos callejeros, no tanto los que se disfrazan, sino los que parecen más interesantes que el abrigo que llevan, aunque el abrigo sea maravilloso. Aunque hablo sólo del aura que desprenden y de cómo se visten, porque para ser un icono me temo que hace falta algo más. Y me gusta mucho todo lo que hace, incluido cómo se viste, el ilustrador Floćh.

 

SPIFF: Escuchaba hace unos meses un podcast tuyo en el Hotel Jorge Juan, de Javier Aznar, en el que decías que una de las cosas que te gustaban o que diferenciaban París de cualquier ciudad española, era que el estilo no tenía edad. Ahora vas a empezar un nuevo proyecto, Élite, en Netflix, donde sabrás de antemano que vas a llegar a un público más joven. Ya sabes que hablar de jóvenes nos convierte automáticamente en viejos… ¿Cómo ves a los jóvenes hoy en día en materia de estilo?

D.M.: Efectivamente, la edad, entre otras cosas, supongo que es una distancia creciente con los códigos, los referentes y los criterios, si los hubiera, que manejan las generaciones que vienen por detrás. No entiendo gran cosa de lo que hacen, ni qué buscan, ni cómo se visten. Dicho lo cuál, y cayendo otra vez en las generalizaciones injustas, parece claro que hay un triunfo de lo deportivo, de lo estridente, lo callejero, y de cosas buscadas ex profeso para no favorecer. No puede dejar de sorprenderme -y de esto he sido testigo- que alguien con veintitantos años no se haya puesto nunca una camisa o unos zapatos. Pasamos también una etapa en la que los referentes, de músicos a futbolistas, no son digamos la cima estilística que inspire a una generación. Entre Bowie, por ejemplo, y el reggaeton, no es que haya precisamente un progreso. Y dicho todo esto, también creo que es la época en la que es más difícil hablar de cómo se visten los jóvenes, porque hay muchísima variedad. Y en esto internet e Instagram ha tenido un papel fundamental en abrir una ventana, o todas las ventanas y mostrar una infinidad de imágenes diarias, hasta la saturación, con las que aprender, inspirarse y acercarse a mundos que antes uno no tenía tan a mano. Esto incumbe a todos los estilos pero específicamente en ese resurgimiento de las sastrerías, o del aumento de consumo de todo lo que tenga que ver con un cierto estilo masculino, ha tenido que ver mucha gente joven informadísima que tiene la suerte de tener un acceso inmediato a mundos a los que antes era mucho más complicado acercarse. Y no sólo eso, sino que estamos hablando de una generación con una facilidad innegable para la imagen porque han nacido con ella, y saldrá algo interesante de eso, qué duda cabe.

Diego Martín Spiff Javier Sanchez Medina

Chaqueta esmoquin de B Corner; camisa esmoquin de Burgos; zapatos Sagan de Baudoin & Lange; pañuelo bolsillo de Fósforo Square.

Foto: Gustavo Queipo de Llano.

SPIFF: Siguiendo con Netflix, la semana pasada veía Cobra Kai y uno de sus slogans, “Cobra Kai nunca muere”. ¿Y los gentlemans? ¿Es el gentleman, el tipo elegante y estiloso, siempre un gentleman o hay opción a la relajación? Bajar a por el pan, en tu caso supongo la baguette, bajar al perro, etc…

D.M.: El concepto de “gentleman” está taaan manido que lo tenemos mareado al pobre. ¡Me fascina que haya gente que se lo ponga en el hashtag, en plan auto homenaje! Pero te diré que al igual que no es lo mismo alguien con estilo que alguien elegante, aunque en ciertos seres ambas cualidades puedan darse juntas, lo que yo considero un gentleman va más allá de que a por el pan, como dices, se vaya con el bombín, y con un tres piezas de Anderson & Sheppard. Es un conjunto de cualidades que tienen que ver con las maneras, con cómo se conduce uno consigo mismo y con los demás, es una distinción y al mismo tiempo una discreción. La idea que yo tengo de gentleman permanece lo vistas como lo vistas. ¡Dentro de un orden jajaaja!

 

SPIFF: Me encanta lo del hashtag #gentleman y el auto homenaje que dices, porque es cierto… Alguna vez también hemos hablado de relojes, es que hemos hablado de muchas cosas… Me hablabas del Nautilus y el Aquanaut. ¿Son esos dos, los relojes que ahora mismo desea Diego Martín?

D.M.: Son dos de los relojes, entre muchos, a los que no haría ascos.

SPIFF: ¿Alguno de tu colección personal que digas este no lo vendo por nada?

D.M.: Pues me costaría despegarme de cualquiera, porque lejos de ser un coleccionista, a cada uno le doy un uso, y cada uno cuenta una historia. Y como soy fetichista pues las cosas terminan significando algo. Pero no me despegaría de un Calatrava de los 70 y de un Tank Solo que son muy especiales para mí.

 

SPIFF: Una clásica: ¿Qué cuatro básicos, hablo de ropa, tiene siempre Diego Martín en su armario?

D.M.: Partiendo de la dificultad de tu pregunta, te diría que una chaqueta cruzada azul marino, jersey de cachemir de cuello cisne, un abrigo también cruzado, y una chaqueta que podría ser militar, de workwear, teba actualizada… Iba a poner un pantalón para poder tener un look completo pero me gustan tanto las chaquetas que el pantalón tendrá que darse por supuesto. Y si me dejas añadir una camisa chambray pues todos tan contentos.

 

SPIFF: ¿Y zapatos? ¿4 clásicos?

D.M.: Te diría las Chukka Boots de Galea Bespoke, unos Oxford que pueden ser también de Galea aunque estoy deseando hacer algo con Enrile, los Penny Loafers Full Strap de Carmina y mi única infidelidad en la lista a casas españolas, los Sagan de Baudoin & Lange. En España, Moira Creations está haciendo cosas también interesantes en esta línea y con una relación calidad precio estupenda.

 

SPIFF: Charlábamos hace unos días de las New Balance made in USA y made in UK y de las Stan Smith que llevabas en tu adolescencia. ¿Te gustan las zapatillas?

D.M.: Me gustan las zapatillas. Lo que no me gusta son las zapatillas todo el rato, con cualquier look, en cualquier ocasión, pero negar su influencia sería como resistirse a los móviles. Me tocó vivir muchos veranos en EEUU y recuerdo el modelo que me traía cada año con auténtica devoción, mis primeras Nike, New Balance o las Jordan cuando en España era complicado pasar de Yumas, las Stan Smith, las All-Star… Son muchas páginas de peso en la cultura contemporánea. Pero, me da rabia que se arrincone el zapato, así que mantengo una cierta actitud de animadversión a que todo sea zapatillas, zapatillas y zapatillas.

SPIFF: Cómo olvidar esas primeras Jordan… Estoy ahora escribiendo un artículo de cinturones. ¿Cinturón sí o no?

D.M.: Cinturón, no. Básicamente, no. Les tengo especial manía. Me parece que cortan la silueta y me parecen incómodos. Nada más bonito que una cintura limpia, y para eso las pletinas son ideales. Incluso en un vaquero, prefiero hacerme un retoque de cintura, para dejarla correcta que ponerme cinturón. Dicho lo cuál, deseando leer tu artículo jaja

Diego Martín Spiff teba Justo Gimeno

Teba sahariana de Justo Gimeno; reloj 70s Calatrava Patek Philippe.

Foto: Gustavo Queipo de Llano.

SPIFF: Una peli y un libro que nos recomiendes de estilo masculino

D.M.: Horrible pregunta, sobre todo referida a las películas. Me provoca escalofríos tener que elegir. Pero bueno, te diría que soy siempre muy feliz, a nivel estético, en cualquier película de Merchant/Ivory.

En cuanto a libros, te diría que The Italian Gentleman de Hugo Jacomet, tan exhaustivo que da miedo, y por equilibrar la balanza italiana, A style is born, el libro de Anderson&Sheppard. Por decir, ¿eh? Porque hay mucho material fantástico.

 

SPIFF: Conocí la firma B Corner gracias a ti, eres imagen de la misma, y la verdad es que caí enamorado al instante. ¿Cómo ves actualmente la moda española? ¿Cómo crees que ha influido e influirá en ella toda esta situación pandémica y dramática que vive el mundo?

D.M.: Pregunta muy amplia… ¿La moda española? ¿El estilo en España?¿Qué se compra y qué se viste…? El tema es largo y da para mucho. Creo en general, que falta un poco de atrevimiento, un poco de personalidad sin miedo al qué dirán, y quizá un poco más de vestirse para uno, por placer, y no porque un logo impresione al vecino. Más calidad y menos cantidad porque sea un chollo. Que al final no es tampoco un chollo, ni mucho menos, y soporta un sistema difícilmente sostenible. Así que siendo optimista, lo mismo esta pandemia  sirve para que la gente consuma mejor, que se compren prendas que puedan evolucionar con nosotros, por calidad, y porque sigan siendo vigentes y no una tontería que nadie se pondrá la primavera siguiente. Y que se le dé espacio a gente que hace cosas pequeñas pero muy interesantes, que no olvidemos que en este país ha habido, y -aunque cuesta- hay artesanos fabulosos.

 

SPIFF: Uno de los motivos por los que me decidí a lanzar Spiff fue por darle valor a la marca España en el mundo textil. Tenía la sensación que disponíamos de producto y gremio para liderar el sector y que sin embargo nos manteníamos en el ostracismo. La industria y el gremio zapatero, por ejemplo; la cantidad de buenos sastres que hay en España… ¿Por qué no se nos reconoce como debería? ¿Es un problema de marketing?

D.M.: Totalmente de acuerdo. Es así. No tenemos la imagen fuera que tienen otros países que han conseguido vender, no sólo productos, sino un estilo de vida que, en ocasiones, no dista mucho del nuestro y sin embargo no se tiene esa percepción. Quizá somos nosotros los primeros culpables. Por no creérnoslo mucho, por no consumir nosotros mismos nuestro propio producto, por complejos, por respetar marcas sólo cuando han sido profetas primero lejos de nuestra tierra, y también porque incluso los productos españoles que se conocen fuera, siempre tienen un toque de “buen calidad para el bajo precio que tienen”. Nos cuesta vender alto nivel, ha sido así incluso en esa locomotora que ha sido el  turismo, muchas veces apostando por la buena vida entendida como algo low cost y de fiesta. Es una lucha, porque cuando ves las cosas que se ven y se venden por ahí, a los precios que se venden fuera, se echa uno las manos a la cabeza. Conozco artesanos aquí que de estar fuera estarían triunfando a lo grande, y en España el problema, para empezar, es que hay que explicar que existe. ¡Dile a un italiano que si la sastrería! Y aquí, pues es algo tan minoritario y tan asociado a una élite, e incluso a una élite rancia, que es una lucha ya sólo el darse a conocer. Por eso, también las redes están jugando un papel fundamental para saltarse muchos pasos y poder enseñar lo que se hace. Quizá nos siga faltando cierta “pátina” pero espero que se vaya adquiriendo y que nos sacudamos esa especie de losa eterna de que no sabemos vendernos. España en fútbol tampoco pasaba nunca de cuartos. Y yo lo que sé es que cuando he enseñado cosas fuera, la recepción y la sorpresa son unánimes.

 

SPIFF: ¿Qué países son hoy por hoy quienes mejor lo están haciendo?

D.M.: Para mi gusto, dejando al margen los tres grandes pilares, que serían Francia, Inglaterra e Italia, Japón es el país que más interés despierta y quizá también el más interesado en cómo se han hecho las cosas en Occidente en materia de estilo masculino.

Diego Marín Spiff Magazine Justo Gimeno

Teba sahariana de Justo Gimeno; reloj 70s Calatrava Patek Philippe.

Foto: Gustavo Queipo de Llano.

SPIFF: “Mucho más higiénico” fueron las palabras que usaste para denominar al concepto vintage que se tiene a orillas del Sena. Háblame un poco de ello. ¿Eres consumidor de cosas vintage? ¿Qué diferencias hay entre el mercado vintage parisino y el que pueda existir en Madrid o Barcelona?

D.M.: Pues sin ser un experto en el vintage, mi percepción es que en París hay un mercado instalado desde hace mucho tiempo que también abarca el lujo; es decir, el concepto se asemejaría más a los productos que puede tener un anticuario o a una casa de subastas, pero en versión moda. Lo mismo me equivoco, pero en España no sabría dónde ir a por una camisa vintage de Burgos o un traje de Reíllo, es algo muy reciente el poder encontrar cosas de calidad en el mercado de segunda mano, que había estado asociado a una cosa mucho más cutre, y que provocaba reparo en cierta gente, mientras que en París hay muchísimos comercios con ropa ilustrísima para todos los gustos, desde alta costura, a marcas de lujo más mainstream a, por supuesto, sastrería.

 

SPIFF: A colación con esto, prometiste que me llevarías a alguno de estos mercados o thrift shop para poder hacerme con un Louis Vuitton o Goyard vintage. ¿Alguna recomendación para nuestros lectores?

D.M.: Recomiendo por supuesto, las Pulgas, donde siempre he visto buena oferta en maletas de las marcas que me citas, aunque no siempre barato, y una tiendecita llena de tesoros, a veces más increíbles, a veces menos, que se llama Chez Ammar. Por lo demás, y sin necesidad de desplazarse en estos tiempos turbulentos, se encuentran cosas inesperadas en la aplicación Vestiaire Collective.

 

SPIFF: Una pregunta que siempre quise formularte y que no me había atrevido. Hoy ya todos somos un poco actores; selfies, posados, stories… En este punto, los que se llevan la palma son los influencers, y en muchos casos, ya empiezan a tener cierto protagonismo en la gran pantalla. En el lado opuesto vemos ciertos actores actuando como influencers, algo que en mi opinión es mucho más coherente… ¿Temes que se desvirtúe todo? Que las películas estén hechas por gente con pocas dotes interpretativas y mucha repercusión social.

D.M.: Sí, todo está desvirtuado, ¡es el final! Jajajaja. Es verdad que estamos todos mezclando todo, y todos usamos todos los medios, que se han convertido en uno sólo, esa pantallita que todos tenemos y por la que pasa todo. Todo el mundo se ha descubierto a sí mismo, y el narcisismo que vivimos es pavoroso, y a los profesionales del narcisismo, eso nos desconcierta mucho jajajaja. Dicho lo cuál, a pesar de las cifras, y los likes y los followers, creo que la gente también termina por distinguir. También en las redes se terminará mirando no sólo cuántos te siguen, sino quiénes, y qué perfil tienen. Y creo que al final, se producirá un filtrado y quedará lo que tenga que quedar. Aunque no sé muy bien lo que quiere decir eso  jajaja. Y me conformaría, visto cómo está el tema, con que se siguieran HACIENDO películas. Por quién, será otra historia…

 

SPIFF: Por favor, la vida sin películas no merecería la pena…¿Plato de comida favorita y un restaurante de París y otro de Madrid?

D.M.: Restaurantes, Sacha, en Madrid. Y en Paris, Le bon saint pourçain. Por ejemplo. He acallado mi mente que me empieza a decir “¡y este, y este otro, y aquel!”. Así que plato, ni me atrevo…

 

SPIFF: Vayamos pues a Sacha, me muero de hambre. No sin antes agradecer con todas mis fuerzas a Javier Sánchez Medina por brindarnos la oportunidad de hacer una sesión de fotos en un entorno mágico. Volveremos Javier, esta vez para entrevistarte a ti.

Diego Martín y Javier Sánchez Medina

Diego Martín y Javier Sánchez Medina en el taller del artista.

Foto: Gustavo Queipo de Llano.

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