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3 noviembre 2020
Autor: Spiff
Conociendo a Galea Bespoke

Hoy es 2 de Septiembre de 2020 y aunque el largo confinamiento ya quedó atrás, el verano no ha sido un verano como los de antes. Las escapadas, los Meharis, las aguas cristalinas, las calas escondidas, la gambita en el chiringuito de la playa, las terrazas día sí y día también, la brisa marina, el pescaíto frito y otras tantas cosas por las que la temporada estival es realmente especial, han sido sustituidas, por lo menos en el caso de un servidor, por retiros espirituales en casa y deporte fuera de ella.

Ha llegado el momento de salir de mi escondite. No será una salida repentina a pedalear ni al supermercado de la esquina. Pasará mucho tiempo hasta que la canción de Mercadona desaparezca del hipocampo y corteza prefrontal de un cerebro inundado de pensamientos pandémicos que a duras penas se liberaba algunas horas al día.

Esta vez he decidido envalentonarme y coger un tren que me lleve a Atocha para después hacer lo propio con un Ave hasta Barcelona. 

No se crean ustedes que es algo relativamente fácil. Durante meses nos han estado bombardeando con información y noticias, algunas de ellas muy complejas de asumir. El miedo ha ido haciendo mella día tras día. Y aunque los rebrotes están ahí, y los carga el diablo, uno debe intentar rehacer su vida. Con responsabilidad, eso sí.

La Ciudad Condal es famosa por su patrimonio artístico. Mucha culpa de ello la tuvo el talento de Antonio Gaudí, que transformó varios de los rincones de la ciudad, incorporando sus majestuosas creaciones arquitectónicas.

Gaudí, tipo con un sentido excepcional y revolucionario de la estética, contribuyó a crear una ciudad sin igual. Una ciudad donde el turista tiene la obligación casi moral de disfrutar del legado que dejó el arquitecto. Sería pecaminoso por mi parte no aprovechar la visita para ojear algunas de sus creaciones, pero sinceramente no sé si lo haré, ya lo hice siempre que vine a Barcelona; hoy sólo tengo ganas de continuar con todo lo que tenía en mente antes de la crisis sanitaria, y una de esas cosas era ir a reencontrarme con los chicos de Galea Bespoke y conocer de una vez por todas su taller.

Conozco a Fernando y a Alfonso desde hace más o menos año y medio. Creo recordar que la relación se forjó primero con Fernando a consecuencia de un artículo que hice para Esquire dónde hablaba de la industria zapatera en España y de los grandísimos especialistas zapateros que disponemos en el país.

Fernando es un ratón de biblioteca, un tipo con un nivel altísimo culturalmente hablando. He aprendido y discutido con él tantas veces…Él siempre gana.

Alfonso es más relajado, el golf y los zapatos son su pasión. Eso y comer, madre mía lo que come, curioso es que aún conserve el tipo. De Alfonso me quedo con su sensibilidad y mimo a la hora de hablarme de uno de sus zapatos.

 Reconozco que antes de conocerlos era más que profano en el cuidado, la fabricación y cualquier tarea en la que estuviesen involucrados unos zapatos. Reconozco que tampoco era de invertir demasiado en ellos; ni en tiempo ni en dinero. Tanto Fernando como Alfonso han dado un valor añadido a los zapatos que antes permanecía en el ostracismo. Ahora ya no.

 Barcelona nos da la bienvenida con un clima maravilloso, como de costumbre. Muy cerquita de la parada de metro de Gracia, en la calle Laforja número 16, se encuentra el taller de Galea Bespoke. Su elegante y minimalista entrada ya me adelantan lo que intuía antes de venir. Esa sensación de cuando entras en un lugar y hueles el talento, la pasión por hacer algo, lo que sea, pero siempre hecho con pasión.

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Interior Galea Bespoke

Es miércoles, la 1 de la tarde, y Fernando y Alfonso me esperan con una botella de Zarro en mano, que yo mismo les recomendé, y con un vasito apoyado en la mesa. En esa misma mesa dónde se dispone un pelotón de zapatos ordenados por patinas de colores.

El vermút, la sed que invade mi ser desde hace horas e incluso la presencia de dos amigos, se desvanecen ante aquellos zapatos; ellos son ahora los que acaparan toda mi atención. Su brillo, su elegancia…Tengo la sensación de que son pequeñas obras de arte y que mis padres o el vigilante de Seguridad de un museo están detrás diciendo, “no se toca”. Les hago caso, me pongo las gafas y coloco mis manos atrás, como un señor mayor viendo algo muy valioso o una nueva obra.

Aparte de para ver su taller y a ellos, estoy aquí para sacar respuestas. La primera pregunta está clara:

SPIFF: ¿Qué hacen dos abogados, uno de Bilbao y otro de Oviedo, haciendo zapatos en Barcelona?

Fernando: Llegué a Barcelona con mi antiguo despacho de abogados. Había trabajado en la sede de Bilbao cuando todavía estudiaba y me apetecía un cambio a una ciudad menos húmeda.

Alfonso: Al acabar la carrera de Derecho, la que hoy es mi mujer trabajaba en Tarragona y decidí buscar trabajo en Barcelona. Lo de los zapatos vendría después y era algo que no podía imaginar por aquel entonces.

SPIFF: ¿Cuál fue ese momento de revelación en el que decidisteis colgar la toga y ser zapateros?

Fernando: En mi caso no hubo revelación. Más bien fueron un cúmulo de casualidades las que hicieron que, a los dos días de dejar mi despacho, me ofrecieran formar parte de un proyecto de zapatería. Hasta entonces yo siempre me había sentido más atraído por el hilo y la aguja. Son incontables las horas que me he pasado en la Sastrería Blasi de Barcelona.

Alfonso: Entré en el mundo de la zapatería por hobby. Iba una vez por semana a aprender al taller de un antiguo maestro que había en Barcelona, pero sin ningún tipo de pretensión más que el aprender. Como quien acude a clase de idiomas. Poco a poco me fue gustando más lo que hacía y, al ver que progresaba, decidí ir a Florencia a la escuela de Stefano Bemer para completar mi formación.

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Fernando Nafria trabajando

SPIFF: Por favor, situadme en el tiempo. ¿Hace cuanto venís ejerciendo de zapateros?

Fernando: Yo no me denominaría zapatero. Diseño zapatos, hago pátinas, paso hierros, lustro…, pero, zapatero, zapatero, aunque hice mis pinitos, no soy. Además, Alfonso tiene mucha más mano que yo. Comencé hace seis años en otro taller, pero dedicándome más a temas de gestión que a lo puramente artesanales (aunque lustrar, lustré cientos de zapatos).

Alfonso: A finales de 2013 o principios de 2014.

SPIFF: ¿Cómo se sufre más? ¿De abogado o haciendo zapatos?

Fernando: Como abogado, sin duda alguna. Pese a la menor solvencia económica, ¡duermo mucho mejor!

Alfonso: diría que por igual siempre que seas alguien responsable. Pero con los zapatos es un sufrimiento más bonito.

SPIFF: Vayamos a la situación actual. ¿Cuál creéis que será el escenario que va a sufrir el gremio después de todo lo que hemos vivido en estos últimos meses?

Fernando: Creo que nos va a afectar como a cualquier otro negocio. Posiblemente desaparezcan algunas de las empresas más jóvenes que estaban empezando. Nosotros, por suerte, hemos aguantado bien entre otras cosas gracias a una clientela muy fiel.

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Alfonso Caicoya trabajando

SPIFF: ¿Cuál es el peso de vuestro servicio RTW en vuestro negocio y cuál el del zapato bespoke?

Fernando: El RTW gana al bespoke por goleada. Barcelona, pese a su gran tradición de zapatería artesanal, no demanda calzado a medida (y lo cierto es que en nuestro taller es donde se efectúan la mayoría de las ventas). Cuando hacemos Trunk Shows en Madrid, París…, es cuando sí aparecen los encargos bespoke. Además, nuestra horma resulta ser bastante cómoda, así que no son pocos los clientes que han venido preguntando por el bespoke y han terminado decantándose por el RTW. El ser zapateros a medida nos ha ayudado a la hora de ofrecer un RTW de calidad.

SPIFF: Habladme un poco de todo el proceso bespoke. Intentad en la medida de lo posible, ser concisos.

Alfonso: Resumiendo mucho, el proceso comienza y acaba con el cliente, en el sentido de que nosotros somos quienes hacemos el zapato, pero es el cliente quien decide estilo, forma, color…

Para cada encargo hacemos dos zapatos de prueba antes de entregar el definitivo. Todo empieza con la toma de medidas. Así, una vez que tenemos las medidas y hemos hablado del diseño, replicamos aquellas en una horma de madera.

Los dos pares de prueba nos sirven tanto para ajustar cosas en el modelo como para ajustar medidas.

La primera de las pruebas se hace en una construcción muy sencilla que tiene como finalidad principal ver si la toma de medidas ha sido correcta. En la segunda, el cliente se lleva el par de zapatos a casa para usarlos, aproximadamente una semana, y ver si todo está correcto. Una vez tenemos la conformidad, comenzamos con el par definitivo.

SPIFF: ¿De qué tiempo total estamos hablando? Desde que el cliente entra por la puerta hasta que sale con ellos puestos.

Alfonso: El tiempo es relativo y depende mucho del tipo de zapato. Pongamos como referencia unas 150 horas de trabajo. El plazo de entrega depende, sin embargo, de poder concertar las citas con los clientes, cuadrar agendas para las pruebas…

SPIFF: Me interesa mucho el porqué de cada uno de los nombres elegidos en vuestros zapatos e incluso en vuestra marca. Galea, Deusto, Sueve, Plencia…Por favor, contadme.

Fernando: Siempre nos ha sorprendido que en el extranjero vinculen España con Andalucía, Madrid, Cataluña… Se desconoce mucho el norte del país. Parece mentira, pero mucha gente no sabe que aquí también tenemos verde, acantilados, mares con olas, lluvia, tormentas… Que también somos un país de gabardinas y zapatos recios, vamos… Por eso, desde un principio, quisimos homenajear a nuestras respectivas tierras, Euskadi y Asturias. De ahí el nombre de nuestra marca, de nuestros modelos (Sueve por la sierra asturiana, Plencia por el pueblo vizcaíno, Terranova como homenaje a los pescadores del Cantábrico…). Incluso la decoración de nuestro taller nos recuerda a nuestra tierra: las vigas de tren en las patas de los muebles, el naranja óxido de nuestra industria…

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Galerna Oxford de Galea Bespoke

SPIFF: ¿Qué zapato RTW es el top ventas?           

Fernando: El podio lo comparten dos modelos, el Terranova II, un derby split-toe en piel grain con la costura efectuada a mano y suela Vibram, y el Plencia Superfeather, un loafer sin forro ni estructura, sumamente ligero.

SPIFF: ¿Y vuestro niño mimado?

Fernando: Me resulta imposible decidirme por uno solo. El Sueve, el Terranova I, el Superfeather, el Deusto…

Alfonso: Para mí es el Deusto

SPIFF: En apenas año y pico habéis conseguido una repercusión mediática importante; colaboraciones con marcas internacionales…Contadnos cómo se logra todo esto, ¿es fruto de gestionar muy bien el social media o es porque directamente sois muy buenos?

Fernando: No es que nos movamos excepcionalmente bien por las redes y hay muchos buenos zapateros prácticamente desconocidos. Supongo que se trata más bien del boca a boca. Somos cercanos, damos un buen servicio (también post-venta) y nos relacionamos mucho con la gente del sector, que, en general, es gente muy interesante.

SPIFF: Desde fuera, lo que se observa es que el mercado está algo saturado y es complejo separar el trigo de la paja. ¿Cómo consigue uno distinguirse? ¿Cuál es vuestro valor añadido con respecto a la competencia?

Fernando: Supongo que hacer los modelos que realmente nos gustan sin fijarnos demasiado en lo que el mercado más general demanda en cada momento nos ayuda. Como abogado siempre me resultaba complicado “vender fusiones”. ¿Cómo se habla con pasión de una reestructuración? En cambio, vender lo que uno mismo ha creado completamente a su gusto resulta más sencillo…

Alfonso: Es cierto que, a simple vista, la oferta de zapatos es muy amplia. Sin embargo, una vez que empiezas a cribar por tipos de construcción, calidad de las pieles, terminaciones… Naturalmente te vas colocando en un grupo mucho más reducido. La gente que sabe de zapatos lo aprecia y, a quien es menos entendido, tratamos de explicarle el porqué somos comparables a unos y en qué nos diferenciamos de otros. El ser zapateros a medida también nos aporta otra forma de ver y resolver las cosas que suele sernos muy útil.

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Detalle del trabajo a mano de Galea Bespoke

SPIFF: ¿Qué se vende más, en España o fuera?

Fernando: Hoy por hoy, directamente en nuestro taller de Barcelona. Lo cierto es que, cuando abrimos, pensamos que el taller sería eso, un taller. No pensamos que la tienda física adquiriría tanta relevancia. Nos sorprende muchísimo cuando viene un coreano o un saudita a la tienda y nos comenta que ha aprovechado un viaje para visitarnos porque había oído hablar de nosotros. Además, como ves el taller está abierto a la calle y se nos ve trabajar desde fuera, lo que anima a la gente a entrar y curiosear.

SPIFF: Todos los conocidos que tengo poseedores de algunos de vuestros zapatos, alaban y mucho, la comodidad de vuestras hormas sin perder la estética. Estas noticias para un tipo poco sufrido (hablando de pinreles) como yo, son fantásticas. ¿Cómo lo conseguís?

Fernando: ¡Con las hormas y con mucha suerte! Nos costó mucho desarrollar la horma que queríamos. Buscábamos algo que no fuera ni demasiado inglés ni demasiado italiano. Una horma que resultara amplia y cómoda y, al mismo tiempo, elegante. Lo de tus pies en concreto da para un tratado.

SPIFF: Habladme un poco de ese ante que tanto enamora a vuestros clientes y a los que todavía no lo somos, pero cada vez que lo tocamos, nos provoca pinzamientos cerebrales.

Fernando: El ante es esencial en Galea Bespoke. Es la piel más demanda y, además, yo soy un amante del ante. Gustándonos tanto no podíamos menos que buscar un ante denso, untuoso y de pelo largo.

DEusto Oxford Galea Bespoke

Detalle del ante de los Deusto Oxford de Galea Bespoke

SPIFF: Fijaros si me gusta vuestro ante, que de todos vuestros modelos, dos de mis favoritos van con ese ante, los Plencia y las Sueve Chukka. El otro es el Deusto, probablemente mi favorito. Ya hablaremos de ese Superfeather unlined que habéis construido, pero ahora llevadme a comer, por favor.

Fernando: ¡Primero, termínate el vermut!

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2 Comentarios

  1. Luis

    Buen artículo Fernando y enhorabuena por el éxito. Espero llegar a ser, algún día, el tío de un Giorgio Armani de la moda zapatera.

  2. Spiff

    Muchas gracias Luis por comentar la entrada. Estamos convencidos que tus deseos tarde o temprano se harán realidad. Fernando y Alfonso tienen madera de sobra, para convertirse en lo que ellos quieran. Un abrazo.

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