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2 septiembre 2021
Autor: Spiff
Gucci Horsebit Loafers, ¿sí o no?

“Es el colmo de la ordinariez… Sólo los había vuelto a ver (desde los 80) en los pies de vendedores de mercadillo”, comentaba un colega en referencia a los Horsebit de Gucci. Más concretamente sobre unos que había visto en color blanco. “Bueno, en negros no están mal, de hecho, los veo bastante en las redes. Y en mujeres me gustan especialmente”, contestaba yo. El debate estaba encima de la mesa, mocasines de Gucci, ¿sí o no?

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, decidí tirar de archivo. Carlota Casiraghi – ¡qué mujer! -, acostada en un sofá con impecable camisa blanca, vaqueros y mocasines Gucci. La gran belleza. Aquella foto podía con casi todo. La excepción, mi amigo.

Una batalla con aliados es mucho más fácil ganarla, por lo que busqué quién podía unirse a mi bando. “A mí me flipan, pero muy complicados de conservar bien. Los míos son unos Horsebit Vegas, pero con puntera cuadrada y taconcito a lo Sarkozy”, confesaba otro amigo y ya manifiesto aliado. Para ser sinceros, aquello era una batalla sinsentido, porque a mí, ni fu ni fa. Mantengo lo de que en mujeres me gustan especialmente; el clásico, el de 1953, nada de horteradas modernas a modo de zueco con borrego. Y en los Tony Sylvestre y Shuhei Nishiguchi de turno, pues supongo que también, pero no todos somos Shuhei y Tony. El caso es que hoy estoy aquí para abrir el melón, debate, trifulca, disputa o como queráis llamarlo, pero sobre todo, para poner en antecedentes el historial de este zapato. Lo inteligente habría sido hacerlo más tarde aprovechando el hype de la película -tiene pinta buena-, pero no. La musa va y viene, y cuando viene, hay que aprovecharla.

Carlota Casiraghi Gucci

Carlota Casiraghi con mocasines Gucci

En 1953, Gucci hace acto de presencia en Nueva York, instalando oficinas en la Gran Manzana. Ya por esos tiempos, el mocasín, esta vez de GH-Bass, corría como la pólvora entre los jóvenes del WASP (White Anglo-Saxon Protestant), y Gucci lo sabía, sabía que el suyo también se convertiría en otro éxito. Es en ese preciso momento cuando deciden darle una vuelta al clásico loafer, refinarlo y añadirle la pieza que hasta el día de hoy ha sido -y será- el sello característico del zapato y de la propia casa, el famoso bocado de caballo. Una pieza que los caballos llevaban en la boca para así enganchar las correas, poder dirigirlos y darles instrucciones.

En este nuevo modelo italianizado del mocasín, no había hueco alguno para colocar un penique porque directamente sus poseedores eran más de billetes que de monedas. Un inciso, penique de penny. Se cree que el nombre Penny Loafers viene de una costumbre entre aquellos muchachos del WASP de esconder una moneda en la ranura que hay en el empeine del zapato como medida de emergencia ante cualquier imprevisto. Ahora os reís, sí, pero en aquella época con un penique, se hacían maravillas. Pero el de Gucci no tenía ranuras. Los Agnelli o JFK poco podrían haber hecho con un penique. Fueron estos nombres, entre otros, los que otorgaron popularidad entre la Jet Set al zapato. Un boom que se traducía en cifras astronómicas de ventas. En 1969 Gucci estaba vendiendo 84 mil pares del Horsebit en Estados Unidos.

Shuhei Nishiguchi

Shuhei Nishiguchi con Gucci Horsebit loafers

Unos zapatos lo suficientemente formales como para ser usados con traje, pero al mismo tiempo más cómodos y casuales que la mayoría de los otros zapatos negros del mercado. Negros, sí, la firma italiana decidió lanzarlos en este color en detrimento del marrón, mucho más visto en zapatos parecidos de la época.

Hoy en día, el Horsebit entra dentro de ese elenco de prendas y accesorios atemporales e icónicas, que junto a la Perfecto de Schott o los 501 de Levi’s, por citar unos, forman parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Puestos a elegir un Horsebit, me quedo con el original, el de 1953, que actualmente se vende desde los 670 dólares en su versión básica, la de cuero de becerro, hasta los 2600 dólares que tienes que desembolsar si prefieres hacerte con alguno en piel de cocodrilo marrón, negro o azul marino.

Metiéndonos en materia, el zapato en sí no es un zapato de mala calidad. Pintado y cosido a mano en la parte superior, dispone de una suela Blake bastante bien canalizada, un talón plano bien construido con un parche de goma y dos clavos de latón. En el mismo talón hay pequeños detalles (estrellas), cuyo objetivo entiendo que será el de diferenciarlos de las innumerables falsificaciones del mismo. Sí, se me había escapado mencionarlo. La casa y el zapato tienen tanta fama como falsificaciones a sus espaldas. Vosotros diréis si este es o no un aspecto importante para decantar la balanza, Gucci Horsebit, ¿sí o no?

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