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21 marzo 2022
Autor: Spiff
¿Ha llegado el gorpcore al sector de ropa clásica?

No sé si es una paranoia mía o una realidad. Quizás haya sido una mera coincidencia. Hace un par de años empecé a observar con cierto recelo las prendas outdoor deportivas. Para ser sinceros siempre me han gustado. Las temporadas de ski no pasan en balde y uno en la nieve siempre quiere ser el macarra guaperas, el tipo que ves y sabes que hace freestyle sin despeinarse, pese al gorrito con pompón. Gorrito, nunca casco, y gafas de ventisca de la última temporada, o de sol que no sean las que vende Decathlon. Antes muerto que sencillo. Jacques Marie Mage, por lo menos. Eso y una cazadora fluorescente, que todo el mundo sepa donde está. En la estación y en el resort.

Pero cuando uno vuelve a la realidad, a la ciudad, se hace raro enfundarte de nuevo en una de esas cazadoras coloridas que te mantienen calentito y resistente a las nevadas, fríos y ventiscas de la montaña. Cuando vuelves a la ciudad tu única preocupación es la de mantener el bronceado alpino. Da igual cómo.

Hace dos años empiezo a ver estas chaquetas en la calle. En los raperos. Muchas veces son ellos quienes mueven el universo tendencia. Ellos y todo el conglomerado formado por artistas urbanos, skaters y gente con rollo. Las marcas deportivas lo ven y lanzan colecciones lifestyle con prendas para escalar ocho miles. La gente lo compra. Subiera o no ochomiles.

Arc’Teryx, Mammut, The North Face invaden los armarios de las neoyorquinas más guapas y las marcas de moda se dan cuenta de ello. Colaboración por aquí, colaboración por allá. Ok, el outdoor, hiking, trekking ya es una tendencia y las zapatillas Salomon ya no sólo las lleva Ralph Lauren y los barbudos montañeros. Ahora las llevan los modernos. Y sobre todo, japoneses.

Ralph Lauren en 2006 con zapatillas Salomon

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Arc’teryx, una marca de alpinismo con sede en Vancouver, se ha convertido en el epicentro de la tendencia, después de que artistas del renombre de Lil Yachty o A$AP Rocky, no se quiten sus prendas ni para dormir. Tal es el peso de la marca que la casa de moda Jil Sander lanzó una colaboración con los canadienses el pasado mes de noviembre. Una colección de chaquetas, pantalones con peto y alguna pieza suelta destinada a los deportes de montaña, que pretendía cerrar la brecha entre “ropa de alto rendimiento y alta calidad estética”, y que se convertía en favorita entre todas esas personas influyentes del streetwear. La plataforma de moda Lyst catalogó la colaboración de Jil Sander como la punta del iceberg de esta tendencia.

Hasta aquí todo correcto, de hecho no hemos sido los primeros en darnos cuenta. Esta tendencia, que hasta tiene un nombre, gorpcore, ya ha dado la vuelta al mundo, y tampoco somos nosotros los que te digamos si este mes está de moda la riñonera o los arneses. “Not our cup of tea”. Estamos aquí para plantear otra pregunta. ¿Ha llegado esta tendencia a los círculos más clásicos? Quizás, como les decía, es paranoilla mía. Quizás sea casualidad. Yo apuesto por el sí. Voy a intentar convencerles. No me crucifiquen, que todavía queda para Semana Santa.

Dentro del mundillo classic menswear hay diferentes vertientes:

Los escandinavos. Líneas monocromáticas y colores crema a tutiplén. Estos, aunque de vez en cuando coquetean con tendencias, las relacionadas con prendas deportivas outdoor, sólo las han tocado de refilón.

Italianos. Primero los del norte, esos empresarios industrialistas. Seguramente si les preguntan por cualquier tendencia pondrán cara de póker. Siempre han vestido igual de bien y no están en posición de cambiar. Imagínate pasar de un azul marino o gris a un amarillo. Les da un patatús.

Después, los italianos con rollo. Influenciados por la estética americana de los 50 y 60, sus ídolos son Mcqueen, Newman y Dean. Y como ellos, coleccionan Rolex deportivos vintage, denim selvedge y sudaderas grises de Real McCoy. También han empezado a conocer esta estética outdoor y se han apoderado de casi todos los Rocky Mountain y Patagonia de los portales de segunda mano.

Franceses, aunque casi diría parisinos. Lo suyo es un smoothie de estilo. Coquetean con casi todas las cosas que molan, pero no se casan con ninguna. ¡Era Liberté, no libertinaje!

Ingleses. Primero los gentleman de Savile Row. No se quitan el traje de tres piezas ni para comprar el pan. No creo que les veamos con un chubasquero de colores. Gabardina reversible y de tweed. Cualquier otra cosa es digna de acabar en el infierno.

Después, los que consumen misma sastrería que los anteriores, pero tienen ramalazos por el estilo callejero. Interesantísimos. Han conquistado Instagram con polares de Drake’s, denim sin lavar y Alden en Cordovan. La tendencia les ha tocado y conquistado. Cuando no llevan el polar de Drake’s -que aunque sea Drake’s, es un polar-, y Paraboot en los pies, llevan OG107 arriba y Nike ACG o Salomon –las Xt6 o las Xt4-, abajo. Muy en la línea de los que vamos a detallar a continuación.

Campaña de Drake's con parka Rocky Mountain

Los asiáticos. Si los denominamos padres queda raro, pero se entiende. Desde hace años han originado las tendencias. Clásicas o fashion. La ropa vintage militar americana, por ejemplo. No hay país con mayor cultura del vintage que Japón. Pearl Harbour tuvo mucho que ver.

Las principales capitales del continente asiático se han convertido en epicentros de tendencias. No hace falta desplazarse hasta allí para corroborarlo. Simplemente introduzcan hashtags en Instagram de cualquier producto o prenda un tanto exclusiva, para darse cuenta de que la mayoría de las fotos están ubicadas en los Hong Kong, Tokyo, Seul, Beijing… Fue en esta última ciudad donde me percaté que la tendencia había asomado por el sector clásico. George, fundador de BRIO Beijing, y uno de los tipos con más estilo del planeta, intercambiaba días vestido con trajes de Dalcuore a días con botas L.L.Bean, chaquetas North Face por Sacai, zapatillas Salomon o Patagonias setenteros. No era el único;Jan, de The Armoury, también lo hacía.

Pregunté entonces a mi amigo Manuel, @orenim en Instagram. Nadie sabe más de vintage que él. Patagonia vintage, ¿está cotizado? “No sabes cuánto, Gonzalo”, me respondió. Patagonia, Eddie Bauer, Rocky Mountain… “Las prendas de los montañeros de los 70, auténticos holy grails, una locura”.

Alpinista de los 70 con polar Patagonia

Pero, ¿por qué? Muchas veces la respuesta es pura casualidad. No hay un propósito generacional. Uno le da por una cosa y el resto le sigue. Pero en el caso de los asiáticos, me atrevería a decir -no soy yo un asiático para ponerme en su piel-, que hay un influjo poderoso de la nostalgia, de lo que han ido aprendiendo con el paso del tiempo de culturas de las que no son dueños. De empaparse del lifestyle de tiempos pasados o presentes. Lifestyle. Todo se limita a eso. Los escaladores y montañeros de los 70 eran verdaderos ídolos. Tipos que con muy poco eran capaces de subirte paredes, montañas y lo que se les pusiera por delante. El sentido de la aventura en su máxima expresión. Adictos a la adrenalina, al peligro, a jugarse la vida en cada una de las expediciones. Y eso a los americanos de la época les encantaba. Si los escaladores llevaban un polo de rugby de Patagonia, todo el mundo, incluso el que trabajaba en Wall Street, se lo compraba. Los asiáticos acostumbrados a juguetear con el vintage, se dan cuenta de esta realidad. En los 70 molaba la ropa outdoor, ¿por qué no recuperarla? Y así lo hacen.

No creo pecar de orgullo cuando digo que poseo alguna que otra cualidad. Ni es la de medir 1,90m ni la de ser un tipo inteligentísimo. Lo siento, chicas. Mi cualidad reside en el mero hecho de observar y apreciar algo. Tengo un amigo neoyorquino que recalca mi poco conocimiento en fotografía, pero mi buen ojo capturando momentos. Con el estilo, la ropa, la moda, e incluso ¡los muebles!… Me pasa algo parecido. No tengo formación en moda, diseño, sastrería, relojería, arquitectura…pero creo, sin ser esto una oda al mencionado orgullo propio, que no se me da mal eso de distinguir entre lo que puede gustar, ser artístico, convertirse incluso en tendencia, y lo que simplemente es fruto del marketing y del borreguismo instaurado alrededor del mismo.

Me han llegado a tildar de esteta. No sé si sería un adjetivo atribuible. Quizás sí, quizás lo sea hedonista, da igual. Hoy me he tirado a la piscina con algo de lo que ni siquiera tengo constancia. Disertar porque sí, por generar un debate, porque !Viva la Pepa! Porque a veces se disfruta mucho siendo el cuñado de turno. Siempre con cautela, con pies de plomo, uno no sabe si está metiendo la pata, si está diciendo algo de lo que ya se han dado cuenta otros muchos o si está soltando una imbecilidad. Es complicado. Ni siquiera el bourbon y las ganas de ser el cuñado que más sabe, hace que me suelte en declaraciones.

Pero lo que es cierto es que Eddie Bauer y Rocky Mountain, por citar algunas, llevan toda la vida ahí, y no ha sido hasta en los últimos tres años cuando han cogido cierta popularidad. ¿Estamos ante una nueva tendencia? Quién sabe, el tiempo nos contestará.

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