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20 abril 2022
Autor: Spiff
Julio Iglesias, icono de estilo

Hace unos días veía un post de Maluma emulando esa mítica foto del 86 donde Julio Iglesias aparecía en su jet privado, con camiseta de tirantes, un bote de pollo frito del KFC, una tortilla de patatas –no sabemos si cocinada por él o de Casa Dani- y un Château Lafite Rothschild. Una de las mejores fotos de la historia. No voy a entrar en comparaciones, son odiosas. Quiero hablarles de Julio, el padre de todos. Hoy, protagonista de memes y chascarrillos, ayer latin lover y playboy entre las señoras maduras. Julio fue, es y será eterno. Escribo estas líneas un Viernes Santo, no sé si será casualidad. Julio ha obtenido tal omnipresencia, que sólo puede justificarse en un contexto místico o filosófico. Ojalá haber sido budista y reencarnarse en él, qué bien me lo iba a pasar.

Rigoberta Bandini reclama a Sorrentino, se hace trenzas en el pelo y te recuerda que en tu coche suena Julio Iglesias. Y es que Julio en los coches es como el crucifijo que cuelga del retrovisor central, universal, como el clamor al cielo ante una desgracia, aunque no creas.

Julio Iglesias en su jet privado

Julio Iglesias y Jaime Peñafiel

Español, sí, y como tal, vilipendiado por los suyos. Porque los españoles somos muy de atacar contra los nuestros. Incluso a Nadal. Otro Ser de Luz. Su bronceado, su yate y su lifestyle rezuman celos y comentarios. Quizás su estilo de vida no sea de esta época. Vino, y no precisamente Cumbre de Gredos, Rolex de oro, mujeres, Rolls Royce y camas llenas de pétalos de rosas. Una imagen gileriana marbellí que de primeras genera rechazo. Pero cualquiera con un mínimo de curiosidad, debería resistirse a quedarse en el cliché o la caricatura, y preguntarse por qué este señor en los 90 se iba de picnic con Michael Jackson y Elton John. Ostras, ese trío en un picnic sí que da para meme.

A la cumbre no se llega de un plumazo. Supongo que Julio tuvo que sudar sangre para llegar a ese olimpo de la jet set yanqui. No sé muy bien cómo lo hizo, no soy un experto en su biografía, pero sí sé que en el camino, dejó huella. Life lo denominó como “El sex symbol de la menopausia”, y es que su imagen de pícaro y bon vivant desabrochaba sujetadores a lo Joey Tribbiani. Con sólo una mirada.

En 1985 el cantante confesaba a la revista Hola! que tuvo que elegir entre el psiquiatra y las Bahamas. Una confesión depresiva que se convierte en graciosa. Quizás la magia de Iglesias ha sido siempre esa. Tomarse la vida –y las penas- entre bromas, y bronceado. Quizás esa actitud ante la vida, esa chulería, el saber decir siempre algo que en el de enfrente generaba una sonrisa, ha desencadenado en ese estilo que un servidor confiesa como icónico. Esmóquines cruzados, vaqueros claritos, trajes azul tinta con corbatas más oscuras, camisetas marineras, mocasines Jesús Canovas, pantalones de lino blancos, blazers azul marino… Lo dicho, tu padre es un icono. Siéntete orgulloso.

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