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8 marzo 2022
Autor: Spiff
Más Aimé León Doré, por favor

Hace unos días, semanas más bien, escribía una cosa en Instagram, en mi cuenta personal. Hoy quiero recuperarlo. Ahora les cuento por qué. Decía así:

“Hay un tipo de mujer francesa que es el tipo de mujer que más me gusta del mundo. Prendas atemporales más que tendencias, aunque cuando las consume, lo hace a pinceladas. Alta costura antes que fast fashion. Un Chanel en vez de 300 Zaras. Jerseys negros de cuello vuelto y cashmere, vaqueros y chelsea boots. Trajes de chaqueta y blusas monocolor. Siempre tiene una cazadora de piel, aunque sea vegana. Heredada de su padre, regalo de su ex, o comprada en una thrift shop de París. Da igual, la cazadora será magnífica. Como ella. No hace falta que le digan que el traje de chaqueta es tendencia para vestirlo porque siempre lo ha llevado. La mujer francesa que me gusta compra libros en librerías antiguas, es de Joy Division, de Los Smiths y de repudiar todo la música de después de los 80. Baila como bailaba Bowie porque sabe que es la forma más elegante de bailar. Nunca ha movido sus caderas al son del reggaetón y no sabe quién es Tangana. Seguramente si se lo mencionan pondrá cara de asco, porque la mujer francesa que me gusta tiene cara de eso, de desprecio, de pena, de perdonarte la vida, y esa cara es la más provocativa del mundo. Párpado ligeramente caído en compensación con el labio superior. Fuma, porque fumar si lo haces bien, es sexy. Y si eres francesa, más. Aunque ella es más sensual que sexy. La mujer francesa que me gusta ha coqueteado con las drogas sólo de manera experimental. No quiere pasárselo bien, quiere sentir más. La mujer francesa que me gusta es de echar mano a las tijeras de vez en cuando, cortar su flequillo y ver qué pasa. La mujer francesa que me gusta es la que en un momento hace sentirme capaz de todo. La que despierta las esperanzas más locas y desesperanzas más atroces. La que cuando la conoces sabes que empiezas una batalla, la del amor, y no va a ser fácil. Conseguir la excelencia no es fácil. La mujer francesa que me gusta es odiada y perseguida por todos, porque todos la deseamos, siempre tiene cara de haber tenido sexo la noche anterior, y nunca lo ha tenido contigo”.

Aimé León Doré SS2022

Nuca quise convertirme en una revista de tendencias, decirte lo que se lleva en la pasarela hoy, que seguramente termine en la basura mañana por ser tendencia lo que antes de ayer ya habías tirado y vuelves a comprar, no es mi estilo.

Quería recuperar mi pequeño extracto de amor hacia la francesa –aunque diría que es más parisina, o lo que mi mente refleja de ellas-, porque para mí la parisina siempre será una mujer con personalidad. Podrá consumir moda, sí, pero a pinceladas. ¿No se dan cuenta de que el que está avocado a las tendencias es un ser sin personalidad alguna? ¿Ustedes se tirarían por la ventana si Jacquemus se lo dijera?

Hay dos cosas que detesto de la moda. Que te digan cómo debes de vestir y que recuperen tendencias chonis. La mujer francesa nunca se dejará seducir por el chonismo, ¿por qué demonios de repente impera el chonismo? Ya sé eso de que el ser humano es el único ser vivo que tropieza dos veces con la misma piedra, pero cuando la piedra es un muro, me cuesta entenderlo. ¿No aprendimos que Beckham es mejor ahora que cuando le daba por zapatos de punta, americanas blancas y diamantes en la oreja? Pues no, la tendencia es volver a los 90 y 2000, a los bucket hats, collares de bolas, Levis enginereed y logos a tutiplén. Siento si parezco rancio, pero ¡qué horror! Ves como Fulanito ha recuperado la americana de polipiel de su padre y ahora se la pone con un gorro de pescar y un jersey metido por dentro del pantalón y recuerdas que esto ya lo habías visto y recuerdas también que sólo podía permitírselo Brad Pitt. Y porque iba acompañado de Aniston, que si no tampoco. Ves como Fulanita no hace otra cosa que relucir trajes de chaqueta oversize y recuerdas perfectamente cuando tú mismo le dijiste hace años que ese estilo te encantaba, y ella lo repudiaba. “Muy masculino”, te contestaba una y otra vez. “Yo quiero pitillos y tacones”. La mujer francesa nunca me hubiese contestado eso.

Pero de entre toda esa vorágine marketiniana de las marcas, que a veces roza lo humillante –sí, a veces se ríen de todos-, hay un par de marcas que, aún comulgando con tendencias, me han podido. La primera, Bode, la segunda, Aimé León Dore. Hoy vengo a hablarles de la segunda.

Aimé León Doré SS2022

La marca de moda urbana de Nueva York fundada por Teddy Santis cada vez tiene más adeptos. Muchos de ellos, provenientes de un sector “más clásico”. Gran culpa de esto viene de sus colaboraciones con firmas algo más tradicionales; Drake’s, New Balance, Clarks, Woolrich… Los neoyorquinos han sabido escoger prendas y accesorios referentes de cada una de estas marcas y darles un toque moderno juvenil y maravilloso. Todo ello en un contexto preppy de los raperos de los 90, que culmina en una presentación de lookbooks que hacen las delicias de cualquiera de los que pasamos horas y horas en Instagram.

De todo esto se ha percatado el brazo del conglomerado de lujo LVMH Luxury Ventures, dedicado a invertir en pequeñas marcas creativas, y desde hace un par de meses, han adquirido una participación minoritaria en la marca neoyorquina.

Una de las colaboraciones más sonadas, fue la que ALD hizo con New Balance en 2020, Runners are not normal. Probablemente también fue la causante de que el propio Santis fuera nombrado director creativo de la línea “Made in USA” de New Balance el año pasado. Aimé León Doré, nuestra marca de streetstyle favorita.

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