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5 julio 2021
Autor: Spiff
No te metas las manos en los bolsillos o…

No te metas las manos en los bolsillos. No puedes estar con las manos en los bolsillos si estamos tratando algo en grupo. No hagas eso o deformarás los bolsillos de la chaqueta… Me repetían todos. Sólo faltaba añadir un “o te quedarás ciego”…

Meterse las manos en los bolsillos no es falta de voluntad, desconfianza y reticencia. No significa que no te interese lo que cuente el de enfrente –a veces sí, pero no por el hecho de que tengas las manos en los bolsillos-, y tampoco significa que no confíes en él. Meterse las manos en los bolsillos es decirle al mundo que estás en tu zona de confort.

Dentro de las multitudes opciones que ofrece este confortable gesto, mi favorita es la de las manos a los bolsillos de la chaqueta, sobrecamisa, cazadora… Me gusta especialmente dentro de la chaqueta. Esos bolsillos que la corriente popular mantiene cosidos, sin abrir. Qué desperdicio.

Uno antes de escribir del tema, lee. “El perfecto caballero nunca mete sus manos en los bolsillos de la chaqueta. Estos deben permanecer cosidos. Sólo se liberan los internos y el bolsillo pequeño exterior superior para colocar el pocket square”… Lo del perfecto caballero ya chirría. Por rancio y por manido. Mejor no seguir.

Jake Grantham, co fundador de Angloitalian

¿Qué sería del Príncipe Carlos sin poder meter las manos en los bolsillos? ¿O de su tío abuelo, el Duque de Windsor? ¿Qué sería de Jake Grantham? ¿Alessandro Pirounis? Si las manos a los bolsillos estuvieran prohibidas, Angolitalian desaparecería. Y eso sería malo, porque puestos a elegir, Angolitalian siempre. Que igual Jake se pasa, probablemente duerma así, pero yo lo veo tan bien…

Meterse las manos en los bolsillos hace que la chaqueta se asiente sobre los hombros, le otorga naturalidad, movimiento. Es un gesto de tímido, pero conquistador; de informalidad necesaria, natural.

Nunca me ha gustado dar la mano, sobre todo a un extraño. Sólo Dios sabe dónde antes han estado. La pandemia ha sido un alivio en este aspecto. Ídem para las mascarillas y los alientos… Algo bueno tendría que tener. Como saludar con el codo es algo que todavía encuentro ridículo, meter las manos en los bolsillos, levantar las cejas e inclinar la cabeza como si el de enfrente fuese una criatura de 2 años o un cachorro de Golden Retriever, funciona. De hecho, ya que estamos, me encantaría convertirlo en una costumbre. Eso, o el namasté.

Las manos atrás están bien, son más formales, más constitucionales, pero también son más de párroco, de monaguillo esperando las directrices de su superior, de señor mayor. Del señor mayor que se para a mirar la obra de al lado de su casa, por mucho que me gusten esos señores mayores.

El Duque de Windsor y su mujer Wallis Simpson

Un buen trabajo para alguien que escribe de estilo reside en la inteligencia de saber distinguir quién hace bien una cosa u otra. No todo el mundo que lleva sus manos a los bolsillos lo hace bien. De hecho, llevar las manos a los bolsillos de tu chaqueta no te convierte en un ser más elegante o más estiloso, ni mucho menos. Ahí tienes a Bill Gates, por ejemplo, que rara vez entraría en la categoría de -y que probablemente le de igual-, presentándose ante cualquier celebridad de esta guisa. Para celebridad el menda, dirá.

James Joyce decía que su cuerpo era como un arpa y sus palabras y gestos eran como dedos corriendo sobre las cuerdas. Meterse las manos en los bolsillos de la chaqueta es un gesto espontáneo, sencillo, incluso humilde. Es un gesto más, como el de sacar pecho, como el de cruzar los brazos. El refrán dice que uno guarda el gesto en cuestión del aprecio. Yo, queridos amigos, aprecio el gesto de meter mis manos en los bolsillos. No hay más.

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