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4 abril 2021
Autor: Spiff
Ponte una Dad Cap

Tu padre empieza a estar harto de ti. Primero le birlaste sus zapatillas, esas New Balance 990 grises compradas en aquel viaje a Nueva York cuando tú apenas eras un crío; después le pediste sus 501, esos que conservaba desde hacía décadas y que eran sus favoritos; y ahora le pides prestada la gorra. Sí, también la gorra…

Allá por el 2016 las dad caps se virilizaban entre los street stylers de las grandes ferias de la moda. Todo parecía entrever que sería una moda pasajera como tantas otras. Una gorra sin estructura alguna salvo la de la visera, con cierto aspecto publicitario, con desgaste, y que hasta ese momento tenía un uso limitado a papás domingueros; los mismos que te preparaban hamburguesas en la barbacoa cervecita en mano, vestían sandalias de tiras y bermudas en verano, y para los que no existía el concepto pimkie.

Las gorras estaban estigmatizadas, sobre todo por mi madre, y lo de llevar una dad cap era menos cool que comprarte un Prius. Pero la figura de Ralph permanecía patente, y tienda que visitabas del estadounidense, tienda que tenía un corner con sus famosas pony caps. Quizás fuese la de Ralph la única que se salvaba. Una especie de Prius hecho por Ferrari. El auge del estilo preppy estos últimos cinco años, colocaba al del Bronx en un escenario de partida en el que multitud de firmas influenciarse.

Acompañando a esa tendencia por todo el Ivy look, llegaban los 90, y lo hacían para quedarse. Las firmas más clásicas, lejos de distanciarse de la tendencia, como tantas otras veces, parece que esta vez le bailaban el agua. Las dad caps tomaban protagonismo, y las nuevas colecciones de las firmas, parecían sacadas de un catálogo noventero de Polo Ralph Lauren.

Vintage ad Polo Ralph Lauren

De esto no es que me enterase yo por casualidad, bueno en realidad sí. La casualidad que te despierta el interés. De repente observé que ciertos influencers de la escena clásica menswear, deambulaban por las calles de Florencia, y acompañaban sus abrigos de manga raglán, con gorras sin estructura y de aspecto muy parecido al de las gorras que se usaban para fines publicitarios. Para ser sinceros, fue algo chocante. Muy probablemente a consecuencia de venir de una cultura tan dada a la etiqueta, al prejuicio y a establecer unos dogmas demasiado estrictos y porque no decirlo, rancios. Aquellos chicos tan bien vestidos -paños de tweed, zapatos de Edward Green y camisas button down collar con corbatas de punto- completaban su outfit con gorras noventeras, y a mí, aunque me chocaba, me despertaba cierto interés.

El interés muchas veces no tiene porque venir ligado a una admiración o algo que desencadene en una tendencia para quien lo sigue, simplemente es interés; interés en porqué había surgido dicha tendencia entre aquellos chicos tan presumiblemente bien vestidos. Entonces empecé a leer. No hay nada mejor que leer, nada es comparable a leer; te convierte en experto de algo que hace apenas unos minutos desconocías. Y descubrí la comentada párrafos atrás, tendencia preppy pasada por una termomix de los 90. Sí, podríamos definirla así.

Si por cada vez que mi madre me decía “hijo quítate la gorra, que te vas a quedar calvo”, me hubiesen dado un euro, muy probablemente estaría surcando los mares de la Costa Azul a bordo de un despampanante yate. Probablemente algo de razón no le faltaba, y digo probablemente, porque aunque uno ha leído y releído hilos alopécicos en internet, nunca llega a considerarse experto en la materia. Para ser sinceros, cada vez le doy menos importancia. A veces resignarse, o lo que otros denominan “quererse a uno mismo”, es lo más cómodo. De lo contrario siempre está la opción de la gorra, boina, sombrero o lo que Dios quiera que estampéis en vuestras cabezas. Pero las gorras no son sólo un fabuloso accesorio para aquellos que atesoramos entradas, las gorras son fabulosas en general; nos protegen del frío, nos adecentan… Sí, aunque cueste creerlo, nos adecentan. A veces no da tiempo a salir peinadito y nada mejor que una gorra para ocultar ese desorden debajo de ella. Nos protegen del sol, nos dan opciones de jugar con una prenda u otra, nos otorgan cierto aura misteriosa, aventurera, deportista, bohemia…

No soy un defensor de la gorra siempre. De hecho creo que muchas veces una gorra puede definitivamente cargarse un look entero. Hoy, la reservo a ocasiones más informales, donde el denim, el punto y las cazadoras de piel o gabardinas, sean protagonistas. Mañana Dios dirá. Bueno, hace poco la he visto con blazer (imagen más abajo), y qué demonios, me gusta.

Pero, ¿cómo surgió la gorra de baseball? No hay que ser demasiado erudito para pensar que su origen está en el baseball. Si no de qué iban a llamarse baseball caps… Efectivamente las primeras gorras aparecían en 1849 en un campo de baseball, más concretamente como parte del uniforme que vestía el equipo New York Knickerbocker Baseball Club. La creencia popular nos hace pensar que el origen de la misma tenía su fundamento en protegerse del sol, pero no. En aquella época todo hombre respetable cubría su cabeza en público, y los jugadores de baseball no iban a ser menos. Aquellas primeras gorras estaban fabricadas de paja, pero según iba cogiendo notoriedad el baseball en Estados Unidos, estas iban evolucionando. Primero lana, para después hacerlo en un algodón rígido conocido como bucarán. Sería en 1860 cuando veríamos el primer prototipo más semejante a la gorra moderna. Los culpables, el equipo amateur Brooklyn Excelsiors.

Pero cuál fue el detonante para que un accesorio, que sólo estaba reservado a dicho deporte, de repente se convirtiese en un elemento universal en cada una de las casas de los que habitamos este planeta. La cuestión es todavía más llamativa teniendo en cuenta que estamos ante uno de los accesorios más vilipendiados de la historia.

John John Kennedy, con gorra, acompañado de Carolyn Bessette

Evidentemente la primera hipótesis debería de estar sujeta en el propio deporte, el baseball. Según iban pasando los años, más iba popularizándose. Actualmente es el deporte más famoso en los Estados Unidos. La segunda, y no por ello menos importante, la de las décadas 60 y 70, y la publicidad. Sí, es en estos años cuando multitud de empresas agrícolas deciden estampar sus logos en gorras, naciendo así las trucker caps. La tercera, los influencers de la época ochentera, es decir, los actores y los raperos. Primero Tom Selleck con su gorra de los Detroit Tigers, caracterizando a Thomas Sullivan Magnum, y después, un joven Tom Cruise, protagonizando Top Gun y convirtiendo la gorra en un elemento mucho más respetable y aceptable en la cultura norteamericana. El hip hop partía la pana, y por ende, sus cantantes, muchos de ellos ataviados con gorras de baseball. Se convertía entonces, en un elemento cultural, en una herramienta de marketing tremenda, en un símbolo de identidad; la gorra lo era todo.

Y aunque ya llevamos años conviviendo con ella, y todos, repito, todos, tenemos una en nuestras casas, ha seguido menospreciándose, sobre todo en ciertos círculos clásicos. Esos mismos círculos, que ahora, como hemos comentado antes con esa tendencia 90s y muy probablemente por ese afán por recuperar tradiciones pasadas, se relajan, y le dan una oportunidad a la tal defenestrada gorra.

Hoy tengo delante mía la nueva colección de dad caps de Berg&Berg. Ya hablamos de sus cinturones, y hoy de sus gorras, y mañana Dios dirá, porque lo cierto es que estamos ante una de esas firmas que dejan huella. Ese cóctel del clasicismo sesentero de Alain Delon y el minimalismo normcore del estilo nórdico, con un aderezo noventero, es simplemente fascinante.

Spring Summer Lookbook Berg & Berg

Saliéndose un poco de la paleta cromática que nos tienen acostumbrados, y que me encanta, porque los beiges, cremas, azules marinos, blancos y grises son siempre sinónimo de éxito, la nueva colección de gorras sorprende con tres colores, que sin duda, están orientados a la temporada estival; el color teja, azul marino, verde y morado pálido.

Todas las gorras están hechas de algodón con un cierre de correa de tela ajustable y de perfil bajo. Me gusta especialmente, porque le da valor añadido, el detalle del logo grabado en la presilla metálica. Logo que por cierto, también se encuentra en la parte frontal.

Pero lo que las hace realmente especial, aparte de lo que he comentado, es la propuesta creativa que hay detrás de la marca. Looks donde la camiseta, el blazer y la gorra, no sólo tienen cabida, si no que se defienden con un resultado altamente satisfactorio. A priori pueden ser confusos por el simple hecho de no tener ese potencial creativo para imaginarlo, pero  viéndolos en acción, funcionan, y de qué forma.

SS 2021 Berg & Berg

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