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11 abril 2021
Autor: Spiff
Solaro!

Las últimas semanas paso las horas en el sofá de mi casa soñando despierto en lo bien que me sentaría un traje Solaro combinado con una camisa denim o chambray. Solaro, que no Solano; esos son los caramelos, y por de pronto no me quitan el sueño. La realidad es que la combinación Solaro-Denim se ha convertido en algo fatídico. Uno apenas puede despejar su mente para cualquier otro menester, incluso el de idear la lista de la compra. También ahí sigo pensándolo.

Este pensamiento extravagante empieza a preocuparme. Instagram y algunos de los italianos que sigo y que a menudo veo con alguna de estas prendas, no ayudan a disuadirlo; todo lo contrario. La camisa debería de ser vintage o en su defecto, replicando a las vintage. He caído en el esnobismo de no gustarme las camisas vaqueras que se hacen hoy, me gustan las que se hacían ayer, o las que firmas como Levis Vintage Clothing, Real McCoy’s, Bryceland o Barbanera, reproducen, intentando – supongo que con éxito-, imitar a las antiguas.

Es una combinación, que pese haberla ligado antes a influencers italianos actuales, porque el solaro propiamente dicho es muy Sprezza, me recuerda a cantantes franceses de los 70. A esos Jacques Dutronc o Serge Gainsbourg, que completaban sus trajes cruzados con camisas vaqueras escotadas. Algo parecido a lo que transmite en cada look la firma francesa Husbands, una forma excelente de romper las normas de la elegancia clásica, sin romper con ello, la propia elegancia.

Sebastiano Guardi con traje Solaro

Un inciso. A veces el cuerpo te pide eso, despedazar esa monotonía, esos cánones de lo que está bien y lo que está mal. El azul marino está muy bien, sí, ya lo sabemos, pero a veces a uno le apetece disfrazarse de Agnelli o su nieto. A menudo recurrimos a esta expresión – y me incluyo-, con desprecio. Probablemente en muchos de esos casos el sujeto en cuestión se había pasado de la raya. Probablemente tú pienses que va disfrazado y él incluso lo sepa. Pero, ¿qué más da? El vestuario debería de ser algo que nos confiera carácter, personalidad, y no todos los caracteres tienen que ser iguales. A veces uno echa en falta algo de espontaneidad, de intentar no copiar al de al lado, aunque el de al lado sea muy bueno haciendo lo que hace. La monotonía nos convierte en robots, y salvo Robocop y Wall-e, no hay ningún otro que me haya encandilado.

Una de las cualidades más destacadas asignadas al Duque de Windsor, era la de ser uno mismo. Pero Eduardo también sufrió los reproches de alguien. Para ser exactos, de su padre, que veía algo demasiado estridente combinar zapatos marrones de ante con trajes azules. Pese a ello, él continuó haciéndolo. Cuando todos usaban satín, el usaba pajaritas de seda gruesa; vestía trajes con grandes cuadros rompiendo cualquier regla que relacionase fisionomía y estampados. Apenas medía 170 cm, y muchos le hubiesen aconsejado que dejara los cuadros en el armario, pero no, él tenía la suficiente personalidad para llevarlos y hacer de ellos un sello de identidad. Hoy el Duque de Windsor es uno de los iconos de estilo más importantes de la historia.

Disculpen el inciso, era convenientemente necesario. El Solaro lleva años siendo tendencia en círculos clásicos, pero son los Valentino Ricci, Luca di Montezemolo, Matteo Marzotto, Lapo Elkann y Max Poux, -este último francés, no italiano-, los que bajo mi opinión, saben mejor darles ese carácter del que os he hablado. Todos ellos, aún sin compartir nacionalidad -la excepción es la de Max-, reúnen esos adjetivos absolutos de la Dolce Vita, la misma que dominaba como ninguno el mencionado Gianni Agnelli.

Matteo Marzotto solaro

Matteo Marzotto con traje solaro

Y es que este tejido está concebido para ese tipo de personalidades. Para todos esos bon vivant de la Costa Amalfitana o de la Costa Azul de Francia. Un tejido que funciona mejor en primavera y otoño. Algo pesado para verano y demasiado liviano para invierno; sus gramajes van desde los 310 hasta los 350.

Sus orígenes, como casi cualquier otro paño, tienen un fundamento funcional. A principios del siglo XX, con la colonización de los trópicos, Louis Westenra Sambon, perteneciente a la London School of Tropical Medicine, pasaba las horas estudiando para crear tejidos y prendas que hicieran más llevadero el caluroso y húmedo clima tropical, pero que a su vez protegieran a los soldados frente a posibles males tropicales.

El científico llegó a la conclusión que el color que mejor defendía aquellos intereses era el verde kaki, al que añadiría una trama roja, habida cuenta de que repelía los rayos ultravioleta provenientes de la luz solar.  

Originalmente el Solaro se fabricaba en forma de espiga, pero es tal su repercusión actual, que hoy podemos encontrarlo en otras estructuras, aunque puestos a elegir, no hay nada mejor que la autenticidad. Siguiendo con esta premisa hay quienes dicen que si el Solaro no es de Smith Woollens, casa precursora de este tejido y actualmente formando parte de la casa Harrisons, no es un Solaro. Aquí no vamos a ser tan exquisitos, sobre todo teniendo en cuenta que ya prácticamente todas las casas lo fabrican.

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